Poner en pantalla tres horas distintas del cruce peatonal permite observar el mismo lugar con dinámicas completamente diferentes.
La madrugada es un espacio casi vacío, sin vigilancia evidente, donde la presencia de cualquier persona puede generar cierta ansiedad. El peligro, la convivencia y la movilidad cambian según el horario.
Durante la noche, el cruce funciona principalmente como una vía automovilística y la ciudad parece dormida, casi fantasmal.
En cambio, por la mañana, antes de que amanezca, el sitio empieza a transformarse en una zona de comercio por la que circulan miles de peatones, un verdadero mar de gente.